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Miedo, Open CrossFit Games y ser una persona más valiente.

En un principio el miedo fue una emoción simple y básica del animal humano. Frente a algo sobrecogedor - la amenaza de muerte inminente en forma de guerras, plagas y desastres naturales-, sentíamos miedo. Como en los demás animales, en nosotros esta emoción cumplía un papel protector: nos permitía advertir un peligro y alejarnos a tiempo de él. Pero en nuestro caso también servía para algo positivo: recordar la fuente de esa amenaza y protegernos mejor la próxima vez. La civilización se derivó de esta aptitud para prever y prevenir los peligros del entorno. El miedo es la emoción más fuerte y antigua conocida por el ser humano, algo profundamente inscrito en nuestro sistema nervioso y nuestro subconsciente.

Pero al paso del tiempo sucedió algo extraño. El terror que enfrentábamos perdió intensidad al aumentar nuestro control sobre el entorno. Sin embargo, en lugar de que nuestros temores disminuyeran, se multiplicaron. Empezó a preocuparnos nuestro prestigio social: si los demás nos quieren, o cómo encajábamos en el grupo. Nos inquietaba nuestro sustento, el futuro de nuestra familia e hijos, nuestra salud y el proceso de envejecimiento. Pasamos de sentir un miedo simple e intenso por algo imponente y real a desarrollar una especie de ansiedad generalizada. Fue como si nuestros miles de años de temor a la naturaleza no pudieran desaparecer.

Pero el miedo no se hizo para eso. Su función es estimular respuestas físicas vigorosas, a fin de que un animal se aleje a tiempo de un peligro. Pasado éste, el miedo debería evaporarse. Un animal incapaz de librarse de su temor una vez desaparecida una amenaza, no podrá comer ni dormir. Tal podría ser nuestro caso; y si acumulamos demasiados temores, tenderán a influir en nuestra manera de ver el mundo. Pasaremos de sentir miedo por una amenaza a tener una actitud miedosa ante la vida. Acabaremos por ver casi todo en términos de riesgos. Exageraremos los peligros y nuestra vulnerabilidad. Nos fijaremos al instante en la adversidad, siempre posible.

Comúnmente no advertimos este fenómeno, porque lo aceptamos como normal. En los buenos momentos nos damos el lujo de inquietarnos por todo. Pero en tiempos difíciles esta actitud cobarde es particularmente nociva. En esos momentos debemos resolver problemas, enfrentar la realidad y avanzar, pero el temor nos induce a retroceder y atrincherarnos.

¿Tienes miedo de participar en el Open?

Esos nervios que sientes, es miedo, las comparaciones, son miedo, no sentirse ‘’preparado’’, también es miedo.

Participar en el Open, es una auténtica pasada, es un momento precioso para la comunidad y se viven momentos inolvidables, aunque esta experiencia es tan enriquecedora, principalmente porque superamos miedos, convertimos nuestra actitud de miedosa a una valiente. Los mejores momentos en nuestra vida nunca han sido los fáciles, seguro recordarás cuando lograste algo que te costó mucho esfuerzo, recordarás ese momento duro del cual saliste adelante, esos son los mejores momentos.

Existen dos formas de enfrentar el miedo: pasiva y activa. Adoptamos la forma pasiva cuando queremos evitar una situación que provoca ansiedad. Esto podría traducirse en aplazar toda decisión que pueda herir los sentimientos de otra persona. O en preferir que todo sea cómodo e inofensivo en nuestra vida diaria, para que nada desagradable nos ocurra. Asumimos esta modalidad cuando nos sentimos frágiles y creemos que afrontar lo que tememos nos perjudicaría.

La variedad activa es algo que casi todos hemos experimentado en algún momento de nuestra vida: la situación de riesgo o difícil que tememos se nos impone por sí sola. Un desastre natural, la muerte de un ser querido o un revés por el que perdemos algo. Es común que en momentos así hallemos en nosotros una fuerza que nos sorprende. Lo que temíamos no es tan grave. Pero no podemos esquivarlo, y debemos buscar la manera de vencer nuestro miedo o sufriremos las consecuencias. Estos momentos son curiosamente terapéuticos, porque enfrentamos por fin algo real, no un escenario imaginario inducido por los medios.

Además, podemos librarnos de ese temor. El problema es que esos instantes no suelen durar mucho ni repetirse con frecuencia. Por tanto, ellos pueden perder rápido su valor, y nosotros volver a la modalidad pasiva, elusiva.

Cuando vivimos en circunstancias relativamente confortables, nuestro entorno no nos abruma con peligros obvios, violencia ni limitación de movimientos. Nuestra meta más importante es mantener esa seguridad y confort, lo que nos hace más sensibles al mas mínimo riesgo o amenaza contra el orden establecido.


Por eso es tan importante afrontar este miedo (participar en el Open) de forma directa y por decisión propia. Exponerte de forma voluntaria es entrenar tu carácter, es hacerte más fuerte y va a hacerte desarrollar una actitud más valiente ante la vida.

¿Qué actitud vas a elegir?

¿Una cobarde o una VALIENTE?

Nadie está preparado, nunca es el momento perfecto, lo que separa a una persona de su éxito personal es el miedo no enfrentado.

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